27.9.08

spleen

agotado y sin minutos, llegas a la cita. debes esperar en una sala antes de que alguien saque la cabeza por la puerta y te indique que pases. tratas de calmar tu agitada respiración y coges una revista. finges leer, pero ves de soslayo y por encima de la revista. no estás solo. una mujer frente a ti. una pareja a tu derecha. un viejo a tu… ¿qué hace un viejo aquí? mientras cavilas en eso, la puerta se abre, aparece la cabeza; bueno, medio cuerpo. sus ojos te buscan, te encuentran, tú asientes y entras. cuéntame, te dice. por razones que no vale la pena detallar, sientes más confianza en algún desconocido que te encuentres en skype, que en ella. ves un reloj de pared que no encaja con el decorado de la habitación y, en vez de decir, bueno, me parece que ese reloj debería estar en otra parte o sucede que (aquí se te quiebra un poco la voz) anoche soñé que era un sincero y efusivo e-mail que viajaba pletórico por el ciberespacio entrando ―por una chimenea imaginaria― en millones de cuentas de usuario, pero en calidad de ¡spam!, dices: bueno, no me pasa nada, en realidad, sólo es que últimamente me aburro un poco, dado que… la mujer te observa mientras hablas y, omitiendo informarte que sufres de un “problema de interfases” (ella intuye tu sueño, aunque se lo ocultes), te dice: ¿conoces el facebook?

1 comentario:

Juan Carlos Lemus dijo...

rafael romero
supongo que, en efecto, como ese sueño, somos un e-mail que viaja por el espacio.
a veces no tan efusivos y otras no tan sinceros, pero lo somos.
alguien nos pincha y ahí vamos, a dejar el mensaje en el ciber.

saludos