6.8.08

letal

conforme el tiempo, el niño se hizo hombre y comprendió tal hecho como se comprende el argumento de una novela rosa. ahora estaba ahí, tendido, impasible. no pensaba en el “error de su vida”; es más, ni siquiera pensaba en nada. veía las luces en el techo y el pelo gris de uno de sus verdugos. notó que éste le daba una orden, obedeciendo al rigor del debido proceso. luego del insignificante esfuerzo, el hombre cerró los ojos y, sin decir palabra, permitió que las sustancias que le arrebatarían la vida fuesen entrando, una tras otra, en el torrente sanguíneo. eran tres; su número de la suerte. el tiempo le pareció tan vasto, que al fin pudo esperar tranquilo.

1 comentario:

edgar dijo...

me llega compadre, ojalá no se le acabe el don y le sigan lloviendo las palabras que así necesitamos leer y sentir. besos. e.